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Miedo a fracasar

Muchas veces escucho en mi trabajo, como así también en mis diálogos internos esta pregunta que resuena. He pensado bastante al respecto y opino que cuando este dilema se presenta habría que tomarse unos minutos para reflexionar acerca de ello. Puede que en algunas situaciones que el miedo al fracaso quede conectado de una forma u otra con nuestra autoestima. Que aquello que se quiere lograr por ejemplo aprobar un examen, dar una presentación, invitar a salir a una persona, etc. Quede ligado y librado a la valoración que los demás le den a mi conducta, hay un riesgo de ser desaprobado o una presión por serlo. Cuando es así este miedo en vez de motorizar, paraliza. Cabe señalar que el miedo no es malo, de hecho es uno de los mecanismos psicológicos y sus conductas derivadas que han permitido a millones de especies la supervivencia. Hay otros casos muchos mas extremos en el cual el “miedo” sirve de pantalla a una intolerancia a la frustración, a la capacidad de poder soportar el erro...

Crecer en las diferencias.

En las relaciones humanas generalmente realizamos un camino casi “obvio”, el valorar principalmente aquello que solo que resulta afín a mi persona: lo parecido, lo igual, tener mismos gustos, ideología, puntos de vista similares frente a diferente situaciones de la vida. Esto es en esencia uno de los lugares de donde los seres humanos sostenemos la ilusión que tenemos los hombres de completarnos con los otros, el mito de la media naranja, dos iguales para ser uno. La mitología griega nos cuenta que los seres humanos en un principio éramos perfectos, solo uno, teníamos una forma esférica y contábamos con cuatro piernas y cuatro brazos. Poseíamos dos caras, una que refería a lo masculino y otra a lo femenino, de esta forma, rodábamos por la vida con un sentimiento de completud. Este estado de ausencia de falta o vacío llevo al humano, según la tradición griega, a ser arrogantes y a pensarnos como dioses. Posiblemente las mismas sensaciones y experiencias de que todo se puede, que ha...

Las dos clases de egoísmo

En mi labor terapéutica he hallado dos tipos de egoísmos. Uno al que llamo “sensato” en el cual la persona expresa abiertamente sus actitudes de ponerse así mismo por sobre todas las cosas frente al mundo. Mas allá que sea el cual al común de la gente le resulte mas repulsivo, en lo particular lo creo el menos dañino, tanto para el egoísta en cuestión, como para las personas que lo rodean Creo que ello se debe a su cuota de franqueza. El segundo lejos, me parece mas pernicioso y especulativo por no ser abierto y directo, a este he de llamarlo “egoísmo generoso”. Este subtipo lo he hallado curiosamente en personas que siempre dan todo a los demás, los que viven haciendo favores, los que siempre dan sin importar las consecuencias o aunque no tengan para ellos mismos, los que toleran las malas actitudes ajenas y responden siempre con una sonrisa justificando al prójimo. Son esos que se los escucha decir “yo vivo dando todo a la los demás” Estos generosos y des-interesados (la separa...