5/2/09

Destruir para luego re-construir

Creo que unos de los caminos para reconstruir aquellas relaciones humanas rotas es primero “destruyéndolas” y no quiero que se tome este verbo en sentido literal.
Muchas veces me encuentro con el obstáculo de no poder ayudar a regenerar una relación porque aún no se ha destruido por completo.
En estos términos “el destruir” equivale a que la persona pueda reconocer abiertamente frente a sí mismo que algo no anda bien con un otro. Generalmente hay bronca, resentimientos, odios de los cuales no se pueden hablar y la persona no los llega a reconocer en forma franca sino parcial.
Muchas veces este estancamiento del “proceso de destrucción” se da por las contradicciones y culpa que nos genera tener sentimientos hostiles hacia personas que realmente amamos o son significativas para nosotros.
Por ejemplo como un padre puede tenerle bronca a un hijo, o un hijo sentir deprecio por su madre o hermano.
En síntesis creo que el destruir del cual me refiero no es justamente el eliminar el vínculo con la otra persona sino todo lo contrario, poder elaborar y transformar los sentimientos negativos en una vía de reconciliación.
No se puede reparar o reconstruir aquello que no se haya roto primero.