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Somos niños obedientes. Reflexiones acerca de los mandatos ¿familiares?

Quizás suene muy psicoanalítico, pero es inevitable señalar como muchos mandatos que nos han sido inculcado de pequeños resuenan el la cabeza de uno, aún siendo adultos.
Esta temática como todas tiene diferentes puntos de vista, en parte tanto nuestras cosas disfuncionales como las fortalezas que poseemos, son producto de aquello que nos han enseñado que desde pequeños. Así vamos construyendo a lo largo de la vida nuestro “YO SOY”
soy un desastre con mis afectos
soy un inútil
soy inseguro
Frases que se van repitiendo tanto en nuestras cabezas que van configurando una realidad y emociones que le son funcionales. Hay un concepto muy claro dentro de la psicología cognitiva que se llama la profecías autocumplidoras.
Son aquellos miedos, preconceptos que uno tiene, sobre los cuales insiste tanto que cobran una fuerza tal que terminan siendo realidad, ya que el sujeto va construyendo las variables, los hechos para que ello suceda.
Así el miedoso piensa tanto en su temor que esta idea queda potenciada y no hay lugar para otra cosa que no sea seguir teniendo miedo y de esta forma reafirmar su teoría acerca de su realidad.
Ahora bien, pasan los años uno crece y ya no puede vivir haciendo responsable a los demás de los mandatos disfuncionales que enturbian nuestras vidas. Creo que lo óptimo es poder identificarlos, conectarse con ellos y empezar a desmitificarlos.
El mandato como bien lo define el diccionario es una orden que se le da a un súbdito, es lo que pasa cuando somos niños, no tenemos herramientas para discernir la veracidad de los mismos, uno desde adolescente ya tiene la capacidad y elementos para animarse a cuestionarlos, se trata de con estas cosas no ser tan obedientes y dar lugar al pensarlos y porque no cuestionarlos.
Por otra parte creo que de la misma manera en que uno insiste con las cuestiones negativas también tendría que dar la misma importancia a sus cosas positivas.
soy responsable
soy buen amigo
soy cariñoso
soy honesto
En la medida que uno aprende a valorar sus virtudes se da la oportunidad de poder cultivarlas, hacerlas crecer y brindárselas así mismo y a los demás.
Fortalecer nuestro YO SOY de cosas positivas y de esta forma tener la capacidad y flexibilidad de superar nuestros defectos.
La experiencia me enseñado que uno no es mas que aquello que uno cree de si mismo, porque por mas que el miedoso no sea tal y haya muchos diciéndole lo contrario, si el no se convence seguirá viviendo la vida con miedo… quizás miedo a no ser miedoso.

Mímense y quiéranse mucho, que de esto poco se habla y poco nos enseñan. Desobedecer de forma adulta algunas veces ciertas cuestiones puede resultar un acto responsable de LIBERTAD

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